Händel, el Mesias y la Juan de Lanuza

un artículo de Ángel Pellicer
    En medio, entre la pantalla y yo, unas inmaculadas partituras que huelen a tinta fresca, a libro de texto en el primer día de clase. El ordenador se convierte en caja de música y un torrente de notas demasiado rápidas como para dejarse coger a la primera, me hace estar como un perro de presa, con los cinco sentidos. Una, dos, tres... no sé cuantas veces, repito el mismo sonsonete de marchamo electrónico, que a pesar de que me dicta una música sublime, me transporta a los tíovivos de mi infancia.

    Cada miércoles hemos de aprendernos un número del Mesías y ahora nos toca  el 37. ¡Qué poco somos o qué poco de genio tenemos! Lo que al bueno de Händel le costó 3 semanas componer, a nosotros aprenderlo... mejor no lo digo. Tampoco pasa nada, pues es  evidente que si los placeres por más que duran son siempre cortos, aprendernos el Mesías a estas alturas, con nuestras cortas entendederas, será alargar más el disfrute de su magistral y ecuménica belleza musical. Este año la Navidad va a llegar más rápido que nunca.


    Se dice que la inspiración, a los grandes maestros siempre les coge  trabajando, por más que no siempre las vicisitudes de sus respectivas vidas son propicias para la creatividad. Son genios, pero ojo, son humanos, de carne y hueso. Händel nos sirve como ejemplo. Conozcamos que le pasó en su vida para que empezara a musicar el Mesías. Seguro que después de saberlo aún gozaremos más al cantarlo y pondremos más empeño en aprenderlo. Como su música la tengo ahora presente, permitidme que use este tiempo para contaros lo siguiente:

    George Friedrich Händel, es un inmigrante alemán asentado en Inglaterra, donde ha conocido el sabor del éxito y de la fama. Pero ahora, las cosas le van mal. Un escritor y libretista, Charles Jennens, hombre erudito, convence al maestro, arruinado y enfermo de ataques de apoplejía, para que se deje de óperas y pamplinas que tantos sinsabores le han acarreado últimamente, que  sea más práctico y se dedique a complacer la demanda que ahora impera, la del oratorio. Ya no existe el delirio por el drama, por el teatro.

    Para animarle, el mismo Jennens le está preparando un texto, una gran obra que va a ser una reflexión universal  en torno a la redención de la Humanidad que Cristo llevó a cabo, empleando como argumento textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Son 59 pasajes bíblicos que van desde Isaías al Apocalipsis pasando por los evangelistas, (excepto San Marcos, él sabrá por qué) y las Epístolas de San Pablo. Todo, para relatar el Nacimiento, Pasión, Resurrección y venida final del Mesías.
 
    La lectura de semejante escrito hace renacer la genialidad del maestro. Su médico nunca hubiera apostado nada por la recuperación de su insigne paciente, al que ya  había diagnosticado los fatales desenlaces de su enfermedad, que, ubicada en el cerebro, iba  paralizando el lado derecho de su cuerpo. Nada tiene que ver esta, ahora piltrafa humana, con la imagen grandilocuente que de él hizo, siete años más tarde, el pintor Thomas Hudson, que nos presenta un hombre obeso de piel tersa y sonrosada, camisa con chorreras y puñetas, peluca partida en grandes melenas que se posan en las hombreras de una lujosa casaca con bordados en la botonadura.

    Como si se tratara de un poseso en estado febril, sobrehumano, no para hasta dar por concluido El Mesías. Y siendo que su precaria salud se va restableciendo milagrosamente (nunca mejor dicho), al compás de su escritura, llega al convencimiento de que algo sobrenatural le está ocurriendo y toma la determinación de no cobrar nunca dinero alguno por la interpretación del Mesías. Desde su estreno en Dublín en abril de 1742, la recaudación recogida en taquilla se dedicó a mejorar las condiciones de vida de los presos y a ayudar a hospitales y demás entidades benéficas de la citada ciudad. Es más: en su testamento, por escrito, deja claro ese su noble e iluminado sentir: ..."el beneficio  que se obtenga de esta obra será siempre para los enfermos y para los presos, pues he sido un enfermo y con ella me he curado y fui un preso y ella me liberó"....

    Chapeau por el maestro. ¡Qué ser humano más grande!

PD.: Hace un tiempo, mis compañeros de la Coral Juan de Lanuza, dada mi afición a la música clásica, tuvieron a bien regalarme un  libro que lleva el sugerente título "1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir" y en él, al  hablar del Mesías, recomienda la siguiente grabación:

Director/Intérpretes: René Jacobs, Clare College Choir, Freiburg Baroque Orchestra
Año de grabación: 20006
Sello Harmonia Mundi HMC 801928.29 (2 CD)