¡¡ BIENVENIDO !!



        Hoy, por primera vez, voy a participar en un concierto de la Coral Juan de Lanuza, en la que llevo varios meses integrado. Cuando calentábamos voces un rato antes de empezar, me decía que ya era hora de verme en un escenario con todos mis compañeros, que por fin para mí la Coral iba a ser algo más que el grupo agradable y variopinto, unido por el amor a la música, con el que me encontré el primer día y entre los que he hecho en poco tiempo tantos buenos amigos. Se acabó el ir de acompañante a sus bodas y conciertos, hoy voy a ser parte del coro, voy a ayudar a crear ese sonido que siempre me ha emocionado.
        Eso sí: siempre he presumido de tener buen oído pero también reconozco tener voz de rana, y ando un tanto nervioso pensando en que en una coral de cierta categoría como la nuestra, un cantor tan lamentable se va a hacer notar, porque ni el el buen oído ni la mucha afición se escuchan, solo la voz. Pero si el director musical me dió por bueno en el examen de admisión y a poco que sea cierto eso que nos repite tanto de que en la música coral hay que concertar la voz con las de tu cuerda de modo que ninguna resalte, sino que todas empasten como si fuera una sola, digo yo que podré pasar sin mayores vergüenzas.
        El periodo de adaptación fue algo pesado: venga a estudiar partituras de las que solo entendía la letra, y eso cuando era en castellano. Nada sabía al principio de lo de las bolitas encima de los cinco alambres, que si blancas o negras, con rabito o tres rabitos, da capos, anaclusas, bemoles, crescendos y respiraciones. Los horarios no fueron demasiado duros, dos horas los miércoles y en un buen local, con la única obligación de constancia y puntualidad, cosa que cuesta poco si es para algo que te gusta.
        Rabia me daba conocer una canción, y que luego resultara que lo que yo tenía que cantar tenía bien poco que ver con la melodía que yo recordaba. Rabia me daba estar convencido de lo bien que había cantado un fragmento, para terminar llevándome una bronca por haber respirado a destiempo, gritar demasiado o demasiado poco, cerrar la boca al final o abrirla al principio. Rabia me daba que los demás se supieran tan bien el repertorio y que yo me tuviera que pasar los ensayos trabajando más la oreja que la garganta. Menos mal que todo ese tiempo ha estado salpicado de bromas y risas, cenas de grupo, viajes estupendos y un fin de semana musical, mientras que todos los misterios musicales se iban aclarando poco a poco.
        Pero ya nos están llamando al escenario. Espero pasar la prueba, recordar las canciones y dejarme llevar por las manos y el gesto del maestro de coro en el ritmo y los matices, para poder merecer el aplauso de los que han venido a escuchar (¡Santo Cielo!)  mi voz rasposa.
        Espero, sobre todo, poder dominar la emoción que me rompe la voz siempre que canto Signore delle cime, o cada vez que veo que le brillan los ojos a una soprano al cantar La nuit, o cuando saca el pañuelo una señora de la primera fila después de terminar Noche de paz, o al notar los ojos fijos y admirados de un par de niños con el Dúbula ...
        Hoy, voy a hacer Música Coral. Hoy, voy a ser Música Coral

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